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Me siento afortunada y doy gracias a Dios por las experiencias vividas

Me siento afortunada y doy gracias a Dios por las experiencias vividas

María Luz García

Médico y profesora de Formación Profesional Sanitaria.


En mi juventud quería ayudar a los demás, me atraían desde siempre las profesiones humanitarias; tenía grandes ideales y estaba muy sensibilizada con el sufrimiento del ser humano. En nuestra Parroquia, situada en un barrio obrero de Valladolid, existía una especial sensibilidad hacia los problemas sociales. En esta época conocí a Javi, mi marido en la actualidad, y juntos fuimos formándonos humana y cristianamente.


Estudié medicina al mismo tiempo que dedicaba mi tiempo libre a actividades de la parroquia. catequesis y actividades de tiempo libre con niños y jóvenes, proyectos educativos para la infancia (especialmente relacionado con familias desestructuradas) y proyectos de atención a toxicómanos en Valladolid.


La medicina me gustaba y me ilusionaba. Preparé el MIR y durante cuatro años estuve en distintos hospitales haciendo la especialidad. Viví de cerca el sufrimiento.


Siempre he tenido una gran inquietud social. Me preocupan las injusticias que vivo más cercanas y las que hacen que en el mundo unos vivamos tan opulentamente y otros apenas sobrevivan. Esto me hace vivir muy cerca de los sufrimientos de las personas en mi trabajo. En el grupo de la HOAC de mi parroquia me fui dando cuenta aún más de que el trabajo es muy importante en nuestras vidas, como realización personal y profesional, de que no contribuye en algunas ocasiones a dignificar a la persona sino al contrario: al desarrollo injusto de la sociedad en el que priman los intereses económicos sobre el ser humano.


Javi tuvo que marcharse a trabajar lejos de Valladolid y estuvimos separados cinco años. Este periodo fue una prueba de amor para los dos, por la que damos gracias a Dios. Este mismo Dios fue el que puso en nuestra mano el tan ansiado encuentro en Madrid, nos casamos y compartimos la vida desde entonces.Desde hace varios años estoy en Madrid. Trabajo en la enseñanza en la rama sanitaria de la formación profesional. Con los alumnos revivo situaciones que requerirán poner en práctica valores que hoy están trasnochados, acciones que no están pagadas con dinero.


El sufrimiento y la muerte vivida de mi madre me han hecho sentir más de cerca mi debilidad pero me han ayudado también a experimentar más de cerca la gracia de Dios. Como San Agustín me gustaría que en los momentos de más debilidad, las cosas creadas por Dios me hicieran inteligibles todas sus cosas invisibles.


Sigo compartiendo, viviendo y creciendo como creyente vinculada a una Parroquia, a través de un grupo de pastoral obrera y otro de preparación al matrimonio. Intento hacer realidad un proyecto de vida, que unifique el proyecto de pareja y el social.

Mi vida sigue en búsqueda, y es maravilloso sentir a las personas que me acompañan en el camino, en la familia, en el trabajo y en mi vida en general. Doy gracias a Dios por lo afortunada que soy.


Publicado en el Boletín PROSAC n. 41 (2006)

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