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¡Ahora sí que sé lo que es estar enfermo!.

¡Ahora sí que sé lo que es estar enfermo!.

Desde 1970 que estoy en contacto con enfermos como alumno interno. Acabé Medicina en 1973, ejercí unos años la medicina general y la cirugía hasta hoy, ininterrumpidamente durante 43 años. Como Prosac siempre he procurado tratar lo mejor posible al enfermo, poniéndome en su piel, tratando de curarlo, aliviarlo, acompañarlo.

Mi salud era buena; no recuerdo una sola baja laboral – aunque sí diversos achaques-, hasta finales del año pasado. De repente, por un análisis de rutina, se me diagnosticó un cáncer de riñón. Fue una experiencia nueva que creí se acabaría cuando me lo quitaran junto con la suprarrenal. Me di de alta pasadas las fiestas de Navidad. Pero me hicieron un TAC-TEP y aparecieron metástasis. Trampeando con ellas sigo aún hoy, con quimioterapia que me daña el hígado – aparte de otros efectos secundarios – y radioterapias ocasionales.

¡Qué diferente es quitarse la bata blanca o pijama verde de cirujano y ponerse la verde de papel de enfermo! ¡Ahora sí que sé lo que es estar enfermo! He aprendido muchas cosas, la que más la paciencia: las horas de espera, las citas cambiadas, el trato de distintos médicos, enfermeras y administrativas en centros en donde no me conocían ni me daba a conocer. Debemos estar muy contentos y agradecidos con el Sistema de Salud público que tenemos y defenderlo con toda nuestra fuerza. Casi todos los profesionales tienen un gran amor al trabajo, viven su profesión como vocación, tratan al enfermo lo mejor que saben.

Gracias a Dios he podido seguir trabajando con normalidad y haciendo mi vida ordinaria casi como siempre, añadiendo a mi agenda las horas de enfermo, el tomar múltiples medicaciones, dietas, etc. Sé que mi vida nunca volverá a ser como antes. No sé cuánto tiempo estarán los tumores controlados. Miro mi vida más a corto plazo. Disfruto más del día a día. Me entretengo más en conversaciones con las personas. Valoro más la familia: mujer, hijos, nietos. Se acerca el tiempo de dejar progresivamente el trabajo y dedicarme más a la familia y los amigos, a hacer pastoral de la salud como voluntario; tiempo para escribir, dejar de lado lo menos importante y dedicar todo mi esfuerzo a lo más esencial, tiempo de más oración, más espiritualidad.

He intensificado mi preparación para la etapa final de mi vida. Deseo que no sea con demasiado sufrimiento. Ya no pienso en mi vejez, pues estadísticamente me toca pronto la muerte. El regalo de mi fe me conforta y ayuda. No le tengo ningún miedo a la muerte. Creo en una vida nueva en plenitud en el Reino de Dios, gozando plenamente de su amor, del que ya ahora tengo mucha experiencia. He aprendido mucho de los místicos de la Iglesia, a cuya lectura y meditación os invito.

El apoyo a los profesionales de la salud es esencial. Llevar la Buena Nueva del amor del Dios de Jesucristo, dar a conocer el mensaje de Jesús, creo que es esencial para cuidar al cuidador, para mejorar la asistencia sanitaria al enfermo. El Prosac es muy importante. Debemos darlo a conocer como lugar de encuentro, de reflexión, de oración, de reposo, de cargar las pilas para mejorar constantemente el precioso trabajo que realizamos. Doy gracias a Dios por los amigos de PROSAC que tengo y que he ido conociendo a lo largo de casi 30 años de su existencia. Rezo para que se integren más jóvenes en el compromiso Prosac. Mientras pueda, me tenéis, como siempre, a vuestra disposición. Un abrazo muy fuerte.

Juan Viñas, médico

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