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Nada hay tan gratificante en la vida como ayudar a los demás

Nada hay tan gratificante en la vida como ayudar a los demás

Desde que nacemos tenemos la necesidad de confiar. Al principio en los padres y posteriormente en la familia, amigos, pareja... Pero sobre todo necesitamos confiar en nosotros mismos. Cuando preparaba mi intervención vi un ejemplo muy claro: en el parque los pájaros se apoyaban en unas ramas muy frágiles; lo hacían por confiar no en el árbol sino en sus alas.

La confianza se adquiere con el tiempo. El tener confianza en alguien es una relación lenta que hay que cuidar mucho. Cuando se pierde es muy difícil de recuperar.

En nuestro trabajo sanitario la confianza es una pieza clave en la relación paciente-personal sanitario ya que mediante ésta el paciente se sentirá tranquilo y seguro.

Hay una serie de cualidades que considero fundamentales y que a mí me han servido para que las personas confiaran en mí.

Respeto. Es fundamental en cualquier relación, y es clave en la relación con nuestros pacientes. Hay que respetar su persona, su intimidad, sus creencias...

Comunicación. No sólo la verbal sino también la no verbal a través de gestos, lenguaje corporal... En nuestra profesión nos encontramos con pacientes con los que no podemos dialogar, pues están intubados o no entienden nuestro lenguaje. Pero sí podemos trasmitirles seguridad mediante gestos como una caricia, una sonrisa...

Empatía. Si nos pusiéramos en el lugar del otro sería muy fácil entenderlo y comprender el significado de su conducta. No es fácil. Yo siempre he intentado ver a mis pacientes como si fueran alguien de mi familia y he tratado de darles los mejores cuidados…

Experiencia. No la da el título. Hay que adquirirla en las situaciones de la vida, de las que sacamos una experiencia y la transmitimos. Da seguridad a uno mismo y eso el paciente lo percibe. Aunque dicha experiencia sea escasa al paciente nunca debemos de transmitirle sensación de inseguridad.

Responsabilidad. Trabajamos con personas. Tenemos sus vidas en nuestras manos y hay que ser muy responsables.

<>Amabilidad y cariño. Para mí son las más importantes. Un paciente nos perdonará que le tengamos que pinchar varias veces pero no nos perdonará que le tratemos mal, que le demos una mala contestación.


Mi experiencia laboral

Llevo casi veintinueve años ejerciendo mi profesión como enfermera en varios servicios. Comencé en Urgencias del Hospital. Llegué muy joven con alegría e ilusión y con muchas ganas de trabajar. La relación de confianza en Urgencias es difícil. Los pacientes acuden con gran vulnerabilidad. En muchas ocasiones su vida corre peligro y esperan del personal que los atiende eficacia y cercanía. Son pacientes que están muy pendientes de cualquier gesto o palabra, por eso debemos de tener mucha cautela en nuestras conversaciones interprofesionales para no crearles más miedo e inseguridad. En Urgencias la confianza se tiene que hacer en un tiempo record ya que no hay una continuidad respecto a los cuidados. Pasé veinte años de mi vida y de allí me llevé grandes amigos, los mejores, aprendí a trabajar en equipo y adquirí una gran experiencia que me ha dado mucha seguridad en mi quehacer profesional.

Mi siguiente etapa comenzó en el Servicio Materno-Infantil. Trataba con madres que acababan de dar a luz y niños. La madres están superfelices pues han tenido lo mejor que tienes en la vida, un hijo. Pero necesitan mucho apoyo. Confían en nosotras, nos confían el cuidado de sus niños. Ponen en tus manos una responsabilidad. Los niños me despertaron una gran ternura. Es una gozada. La relación de confianza me resultó más fácil porque los pacientes permanecen durante un periodo más prolongado de tiempo y están en una situación más receptiva ya que la mayoría son madres que acaban de dar a luz y tienen mucho interés por cualquier cosa que podamos explicarles sobre los cuidados de sus hijos. Te ponen en tus manos una responsabilidad. De este servicio me llevo grandes amistades y sobre todo la ternura que me despertó el cuidado de los niños.

Hace un año y medio me trasladé al Centro de Salud. Al llegar noté, por primera vez en mi vida, cierta desconfianza por parte de los pacientes hacia mí, ya que la persona a la que sustituí llevaba ocho años con ellos y tenían una relación de confianza muy establecida. Poco a poco he tenido que ir ganándome su cariño, mostrándoles que para mí son importantes como personas y no sólo como pacientes. En la actualidad me siento muy satisfecha con los resultados. La mayoría de las personas que acuden a mi consulta lo hacen voluntariamente. Mi trabajo actual es más docente, mucha educación en salud. También hacemos mucha labor social pues visitamos con periodicidad en sus casas a los enfermos que precisan nuestros cuidados.

Acompañar en la muerte de nuestros enfermos, sobre todo a sus familias, muchas de las cuales no están capacitadas para atenderlos. Procuramos, siempre que podemos, acompañarlas y ayudarlas. Las visitas entonces son diarias.

Me siento muy afortunada en mi vida de haber elegido esta profesión. Veinte veces que naciese, veinte veces sería enfermera. Y estoy muy orgullosa porque mis dos hijas siguen mis pasos. Mi experiencia personal es que nada hay tan gratificante en la vida como cuidar y ayudar a los demás. Gracias.


Testimonio presentado en el II Encuentro de Profesionales Sanitarios Cristianos, celebrado en Calatayud el 12 de marzo de 2016

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