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Me siento llamado a evangelizar

Me siento llamado a evangelizar

Juan Alonso Cózar Olmo. Jaén


Gracias a la invitación de D. Manuel Galiano, Delegado de Pastoral de la Salud, puedo compartir con vosotros mi experiencia como médico y creyente en mi vida profesional y en mi compromiso.


Siento el reto diario de unificar mi fe cristiana con mi vida profesional como pediatra, especialmente en mi relación con los enfermos, que al ser niños, tienen la peculiaridad de incrementar los rasgos de indefensión, y dependencia que nos provoca el hecho de sentirnos en situación de enfermedad.


Me siento llamado a evangelizar en mi lugar de trabajo, Hospital Materno Infantil. Muchos profesionales sanitarios se encuentran alejados de la Iglesia o viven un cristianismo descolgado de la realidad. Es preciso dirigirse a estos compañeros y ofrecerles nuestra experiencia del Resucitado, dándoles a conocer el verdadero rostro de Dios desde nuestro estilo de vida, con un compromiso y servicio a los pacientes y a los más débiles de nuestra sociedad, eliminando de nuestro horizonte, el deseo de poder, de prepotencia, que suele tener a veces el médico en el ámbito hospitalario.


Asimismo, intento ser levadura en los organismos sanitarios, participando y haciendo oír nuestra voz en Comités de Ética Sanitaria, en Comisión de Docencia, en la Junta Facultativa, ... a fin de colaborar en el establecimiento de unas condiciones sanitarias, de calidad y calidez en la Asistencia Médica, considerando al enfermo como un todo, y el trabajo sanitario, como un trabajo en equipo, donde la dignidad de la persona es la que nos une, y no nuestra categoría profesional.


No es fácil, pues a los profesionales nos afectan los valores imperantes en la sociedad: insolidaridad, hedonismo, lucha por el poder, el dinero... y una parte están desmotivados, “quemados y es ahí donde hemos de tener la fuerza del Espíritu, para dar ánimos a los que nos rodean.


Os ofrezco tres rasgos que resumen, a mi parecer, la actitud de un profesional sanitario:

-Compasión: no podemos realizar nuestra profesión sanitaria sin ponernos en lugar del que sufre, del niño y la familia que afronta lo desconocido, que se siente débil y vulnerable.

-Vocación: no podemos vivir en profundidad nuestra vocación sanitaria sin una actitud de llamada a sentirnos responsables de los enfermos, como El Principito se siente responsable de su rosa, sencillamente porque la rosa es débil y necesita cuidado.

-Competencia Profesional: hemos de estar siempre en la tensión de realizar nuestro oficio con la formación más adecuada y puesta al día.


Mi trabajo como voluntario lo considero inseparable de mi vocación y trabajo profesional. Aterricé en el mundo de la inmigración hace ya 15 años, en Murcia, siendo residente de Pediatría. Siempre sentí una llamada fuerte a colaborar en este campo, y no para ocupar el tiempo libre y tranquilizar la conciencia sino como fruto de una experiencia interior y de un compromiso personal. Desde una fe en el Dios de la vida, en el Dios liberador, que oye y siente como propios los dolores, las miserias, la explotación e injusticias que sufren las personas, no podemos más que responderle con la palabra y la acción liberadora.


La justicia, la compasión y las acciones de liberación por los más desfavorecidos dan sentido a mi vida. Siento como un deber y una obligación hacia mí mismo y hacia la Iglesia a la que pertenezco y en la que me formé como cristiano y como persona: conocer y acercarme al otro que me necesita, como yo lo necesito a él, conocer la realidad como una forma de servir al otro, trabajar por transformar una realidad de injusticia como la inmigración.


Creo que es preciso participar en aquellos ámbitos, redes y plataformas que de manera organizada trabajan por el respeto de los Derechos Humanos. Detecto en los propios compañeros locales y en los venidos de lejos el deseo de caminar juntos, aprendiendo unos de otros, y valorando todos como positivo el afán de trabajar por un mundo más humano y más justo, a pesar de estar cada uno desde posicionamientos diversos: políticos, sindicales, religiosos.


En este caminar juntos siempre hay tiempo para la charla amiga, para la cerveza compartida, la risa espontánea, para las miradas de complicidad, para animarse a afrontar nuevas empresa.


Publicado en el Boletín PROSAC n. 47 (2010)


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